Casillas y Puyol: futbolistas gays, historia de homosexualidad en el fútbol – Fútbol Internacional – Deportes

“Espero que me respeten: soy gay”.

Ese fue el primer mensaje que apareció hace ocho días en la cuenta de Twitter del exarquero español Iker Casillas. “Es el momento de contar lo nuestro, Iker”, la respuesta inmediata del exdefensor catalán Carles Puyol. Dos horas después, el panorama de los campeones mundiales era otro.

“Cuenta hackeada. Por suerte todo en orden. Disculpas a todos mis seguidores. Y por supuesto, más disculpas a la comunidad LGTB” , fue el tuit de Casillas tras eliminar la primera comunicación.

“Me he equivocado. Perdón por una broma torpe sin ninguna mala intención y absolutamente fuera de lugar. Entiendo que puede haber herido sensibilidades. Todo mi respeto y apoyo a la comunidad LGTBIQA+”, la nueva reacción de Puyol.

Lo que ocurrió en los minutos que transcurrieron entre las dispares primeras y segundas publicaciones de las leyendas del fútbol fue una ola de reacciones de todo tipo.

Algunos internautas arremetieron con insultos homofóbicos contra el ícono del Real Madrid, la prensa española interpretó el mensaje de Casillas como una forma de zanjar las relaciones que le han atribuido desde que terminó su vínculo con la presentadora Sara Carbonero, uno que otro trol de Internet aplaudió el comentario de Puyol y referentes de la comunidad LGTBI criticaron la ligereza de los mensajes.

Todo, mientras ciertos medios titulaban con regocijo: “Iker Casillas estalla bomba en el mundo del fútbol al decir que es gay”.

Casillas denunció ser suplantado y Puyol reconoció su error. Pero la herida ya estaba abierta. El impacto de sus mensajes tenía la connotación de dos figuras mundiales que ironizaban sobre la homosexualidad. Y su mayor trascendencia tenía que ver con que, más que ser dos hombres heterosexuales famosos, eran dos referentes del deporte sobre el cual ha existido tal tabú que el delantero francés Olivier Giroud aseguró en 2018: “Es imposible declararse homosexual en el fútbol”.

Y la historia parece explicar por qué.

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Twitter Iker Casillas

¿Es imposible ser gay en el fútbol?

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Tomada de la transmisión de TV del documental de Netflix.

En más de un siglo que lleva el deporte rey institucionalizado, tan solo tres futbolistas activos se han declarado abiertamente gays. El primero de ellos fue el inglés Justin Fashanu. Su historia: el retrato del repudio con el que se ha visto la homosexualidad sobre los gramados.

En los sesenta, en una sociedad inglesa racista y clasista, Fashanu era pobre y negro. Abandonado por sus padres, fue a parar junto a su hermano en un orfanato del cual saldrían cuando una familia de clase media los adoptó. Después, entregado al fútbol, en 1981, se convirtió en el primer jugador negro por el que un equipo desembolsó un millón de libras.

Fue el mítico Nottingham Forest dirigido por Brian Clough el que decidió apostar por ese joven que deslumbraba por su efectividad goleadora. Sin embargo, a su llegada al equipo, Fashanu no logró colmar las expectativas. Su nivel decayó ostensiblemente y su vida por fuera de las canchas atrapó la atención de los medios sensacionalistas.

La polémica giraba en torno a los lugares que frecuentaba, pues todo indicaba que eran bares gay. Y para ese entonces, la homosexualidad era considerada oficialmente como una enfermedad. Esa particularidad despertó las alarmas discriminatorias, y hasta su entrenador llegó a juzgarlo en una conversación que rememora este último en su autobiografía:

– “¿Adónde vas si quieres una rebanada de pan?”, le preguntó a Fashanu.

– “Al panadero, supongo”, respondió el jugador.

– “¿Adónde vas si quieres una pata de cordero?”, siguió.

– “Al carnicero”.

“Entonces, ¿por qué sigues yendo a ese maldito club de maricones?”, concluyó Clough.

El eco de los rumores llevó a Fashanu a un descontrol en el que sus traumas más profundos reinaron. Empujado por ese huracán de emociones, en octubre de 1990, cinco meses después de que la homosexualidad dejara de ser oficialmente una enfermedad, declaró ser gay en una entrevista con el diario ‘The Sun’.

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En los años siguientes, siguió jugando fútbol en equipos de menor nivel e inclusive llegó a ser director técnico de un equipo de fútbol amateur en Estados Unidos. Pero allí fue donde Fashanu terminó sucumbiendo ante el caos.

En marzo de 1998, en el estado de Maryland, un adolescente de 17 años lo acusó de abuso sexual. En ese entonces, la edad aceptada en Maryland para las relaciones sexuales era de 16 años. Sin embargo, todo acto homosexual era considerado ilegal. Y a pesar de que las pruebas en su contra no eran concluyentes, la sociedad ya había emitido su fallo.

Fashanu huyó a Inglaterra y vivió un calvario que culminó con su suicidio el 2 de mayo de 1998. Su cuerpo fue hallado en un garaje de Londres, junto a una nota en la que, además de insistir en que su encuentro sexual había sido consensuado, expresaba:

“Espero que el Jesús que amo me dé la bienvenida; al final en él encontraré la paz que nunca tuve”.

A partir de entonces, transcurrieron 23 años para que otro futbolista en activo compartiera su homosexualidad. Fue Joshua Cavallo, de 22 años, quien rompió la sequía en octubre del año pasado “cansado de una doble vida”. Luego vino Jake Daniels, de 17, en el reciente mayo, quien fue certero al compartir su sexualidad y decir: “No quiero mentir más”.

Contactado por EL TIEMPO, Daniels no quiso dar declaraciones por tener “exclusividad con un medio británico que publicará una entrevista esta semana”.

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El fútbol: un ‘entorno machista’

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Captura de pantalla

Aunque la orientación sexual no influye en su trabajo, sorprende que de los 113.000 futbolistas registrados hoy en la Fifa, solo dos se han declarado gays.

Al respecto, el sociólogo Juan Manuel Oviedo dice que la situación tiene que ver con las raíces de este deporte: “El fútbol tiene una especie de problema sistémico. Sus orígenes deportivos se anclan en la institución colonial, en el dominio de los hombres y las definiciones de la supuesta rectitud, de cómo debe ser la hombría y el ‘buen comportamiento’ dentro de esa lógica. Por eso, la noción de la masculinidad es tan fuerte y su vértebra resulta machista, homofóbica, si se quiere, y hasta racista“.

Sobre esa situación, el árbitro brasileño Igor Benevenuto, quien hace tres meses se convirtió en el primer juez FIFA de América en declararse abiertamente homosexual, y el quinto en la historia, le asegura a EL TIEMPO:

“El fútbol siempre se ha basado en la idea de que la persona que lo juega debe ser viril y debe aparentar fuerza. Yo crecí con esos imaginarios en medio de un ambiente hostil. La imagen de la persona que es gay en el fútbol se ha visto como alguien frágil e inferior. La idea que se tiene es que el gay siempre va a estar deseando a sus compañeros, que va buscar cómo tener relaciones sexuales… cualquier cosa que no sea jugar fútbol”.

Los argumentos de Oviedo y Benevenuto parecen sumarse al coro griego que han forjado las declaraciones de los propios jugadores.

“Es imposible que un futbolista diga que es homosexual”, le aseguraba el año pasado a ‘The Times’, el hoy jugador del Barcelona Héctor Bellerín, a quien han llegado a insultar por su corte de pelo e incursionar en el modelaje.

“Los futbolistas no salen del armario porque tienen miedo a que les insulten”, le respondía Antoine Griezmann, hoy en el Atlético de Madrid, a la revista ‘ICON’.

“No sé si daría el consejo de declararse homosexual a un futbolista en actividad” le dijo Toni Kross, estrella del Real Madrid, a la versión alemana de la revista ‘GQ’.

Y así la eterna cadena.

Del 30 al 40 por ciento de los hombres en el fútbol, entre jugadores dirigentes, periodistas y demás, son homosexuales o bisexuales, pero ninguno lo dice

En ese ambiente, que el entrenador de la Selección de Países Bajos, Louis van Gaal, describe como “muy conservador en cuanto al pensar y al hacer”, la experiencia de vida de Igor Benevenuto, quien ocupa un puesto que en el fútbol es quizá el más atacado por los hinchas, resulta ilustrativa.

“Yo entré al deporte porque en un comienzo fue el escondite perfecto para camuflarme. Hace 25 años los prejuicios eran muy fuertes, y el fútbol, el medio de los ‘machos’, fue el lugar que encontré para crear un personaje que escondiera mi homosexualidad. Está claro, el árbitro es el que manda… y ahora, que amo lo que hago, el fútbol es parte esencial de mi vida”, comenta de entrada.

Luego, al preguntarle por la poca cantidad de hombres del fútbol que comparten su orientación sexual, Benevunto es directo: “Por lo que veo, por lo que he escuchado y por lo que conozco, puedo decir que del 30 al 40 por ciento de los hombres en el fútbol, entre jugadores dirigentes, periodistas y demás, son homosexuales o bisexuales, pero ninguno lo dice”.

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¿Y en el fútbol femenino?

“La homosexualidad se acepta en el fútbol femenino y no en el masculino”, aseguró la danesa Pernille Harder, luego de que una imagen suya dándose un beso con su pareja, la sueca Magdalena Eriksson, a quien derrotó en cancha durante el Mundial de 2019, se hiciera tendencia.

Interrogada por ese paralelo entre hombres y mujeres, la futbolista colombiana Manuela Acosta, quien también es psicóloga y defensora de los derechos de las mujeres a través del deporte, le dice a EL TIEMPO:

“La verdad siento mucha compasión por mis compañeros hombres, pues la homosexualidad es tan antigua como la especie humana, pero por la supuesta virilidad prefieren guardar silencio. En el tema de las mujeres, las jugadoras que son lesbianas toman su orientación como un motivo más para abanderar la lucha de las mujeres en un deporte dominado históricamente por los hombres”.

Precisamente, reluce que las principales futbolistas que se han convertido en íconos por su compromiso social son en su mayoría lesbianas. La jugadora de la Selección de Estados Unidos, Megan Rapinoe, quizá la figura más reciente.

“Eso va en línea con la lógica machista. No es lo mismo meterse en la vida privada de las mujeres que en la de los hombres en esa dinámica. Aun así, las peleas se han dado. Rapinoe ha sufrido ataques de la extrema derecha estadounidense por su orientación sexual”, resalta el sociólogo Oviedo, quien aun así remarca: “igual ellas son las que sufren los efectos de la misma concepción machista en otras esferas, la desigualdad salarial, las brechas en cuanto a premios y demás”.

Lo que viene

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Jaime Moreno, EL TIEMPO, EFE

Con la irrupción de los jóvenes jugadores Cavallo y Daniels, y la propia figura del árbitro Benevenuto, pareciera que la homosexualidad en el fútbol empieza a tomar otro rumbo a la par de que el debate se está dando en otras escenas.

“Yo entiendo que el fútbol es muy prejuicioso, y que por la reacción de hinchas y dirigentes pueden acabar con la carrera de una persona que se declare gay. Pero si la gente no se posiciona, no toma fuerza y demuestra que el fútbol es un espacio para todos, el preconcepto va a seguir dominando y eso no puede pasar”, dice Igor.

Sobre el desafío que viene, el sociólogo Oviedo pone un punto claro: el Mundial de Catar, que empieza en 34 días: “La experiencia del Mundial está poniendo y va a poner de relieve estos enfoques políticos y sociales. El torneo se hace en un país donde la homosexualidad es un delito. Para que el fútbol sea un espacio más inclusivo, hay que deconstruir esas nociones de masculinidad. Si no, muchos seguirán quedándose callados sobre lo que son, mientras algunas figuras siguen jugando con eso en Internet”.

ANDRÉS FELIPE BALAGUERA SARMIENTO
PERIODISTA DE DEPORTES EL TIEMPO

En redes: @balagueraaa

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