Selección Colombia de amputados, para el Mundial: perfil de Jorge Tovar – Fútbol Internacional – Deportes

Parecía una mañana tranquila para la tropa. El soldado profesional Jorge Tovar caminaba hacia el helicóptero que los sacaría a él y sus compañeros de la zona de guerra. La noche anterior habían inspeccionado el lugar en busca de minas antipersona y no encontramos peligro. Así que avanzaban con cierta confianza, bajo el sol mañanero. Con las piernas firmes y sigilosas. Uno detrás del otro, midiendo cada paso de bota. Tovar iba pensando en las vacaciones que tendría al salir de allí, y en el partido de fútbol del domingo: le había prometido a su equipo que asistiría con sus goles. Pero bastó el roce de su brazo con una palmera para que sus pensamientos sufrieran una súbita sacudida. De un momento a otro se vio en el piso, revolcándose por un dolor insoportable, con la pierna izquierda hecha jirones. Tovar supo con certeza lo que vendría ahora: o perdía la pierna o se moría.

Jorge Tovar

Jorge Tovar, jugador de la Selección Colombia de amputados.

Tovar se cogía desesperado la pierna y gritaba que era un dolor horrible, mientras sus compañeros lo auxiliaban, ellos mismos lo canalizaron ya gritos le dieron los primeros mensajes de aliento. Fue llevado de emergencia a la Clinica Valle de Lili de Cali. Tovar, finalmente, fue cediendo al dolor y se fue desvaneciendo. Cuando despertó, lo primero que hizo fue mirar hacia su pierna izquierda, allí debajo de la rodilla, con la ingenua esperanza de encontrarla, de verla como siempre, y en un primer instante le pareció que ahí estaba, incluso pudo sentir que por allí aún corría su sangre, pero no, rápidamente se percató del pesado vacío: Tovar había sido amputado. Consternado, pensó en todo lo que le gustaba hacer a sus escasos 21 años, y creyó, en un primer desconsuelo, que ya no podría repetirlo: eso de bailar, eso de correr, eso de jugar al fútbol, ​​y también pensó en el partido del domingo al que ya no podría asistir…

Eso fue el 3 de noviembre de 2013, a las 9 am Hoy, 9 años después, a sus 31, Tovar habla con estoicismo. Una fuerza interior brota de su voz de soldado. Es fuerte, sin titubeos, es una voz que no se lamenta y que no reclama compasión. Con esa voz valiente, impregnada de su acento barranquillero, junto con un tono implacable de militar, Tovar cuenta lo que le pasó antes de convertirse en lo que es: goleador de la Selección Colombia de amputados que jugará el Mundial de Turquía. Está convencida de que todo tenía un porqué. De que era su dia marcado en el calendario del horror. Aunque no deja de preguntarse, más por curiosidad, por qué toda la tropa cruzó junto a la misma palmera y justo le tocó a él. “Incluso en la noche cayó un compañero en una mina y no le pasó nada… Me tocaba a mí. Son cosas de Dios”.

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El monte y las minas

Jorge Tovar

Jorge Tovar, en su época de militar.

Tovar viene de una familia humilde, pasó necesidades de niño, pasó hambre. No tenía ni para unos zapatos con los que jugar al fútbol, ​​no pensaba en guayos, eso ya era mucho pedir. Es que su vida, sus sueños eran ser futbolista. Pero también quería ser militar, esa idea se anidó en su mente, quería ser suboficial o algo así. Entra al ejercito por convicción, pero también porque era una forma de sacar adelante a su familia, a su mamá, para darle una casa digna.

Sin embargo, aunque ya lo presentía, pronto se dio cuenta de que ser militar no era color de rosa. Lo llevó en carne propia en cada salida al monte. En cada noche de guardia. En cada subida y bajada de una montaña, cuando el peligro acechaba. Su tropa, la brigada móvil 28, se encontró en zona roja, en la vereda La Fría, en el Cauca, y en época de constante combate con la columna ‘Gabriel Galvis’ de las Farc. Tovar estaba preparado para lo peor, para morir.

Su especialidad era desactivar minas; muchas veces hizo explosiones controladas. “Activar una, y que la onda active las demás”, cuenta con voz de experto. Así que vivía con la muerte cara a cara, y la enfrentaba con agallas de soldado y de hombre valiente que tiene sueños.

–¿Y no le daba miedo esa labor con las minas?
-No. Estaba seguro de a lo que uno se expuso en el monte, allí uno sale muerto o como salí yo… era mi profesión, lo que me gustó. Dios lo quiso así.

Cuando Tovar se vio sin pierna, y superado el shock inicial, lo asumió de la mejor manera que pudo. No cayó en locura, no cedió al llanto, no se puso límites. Tovar, en una pierna, no dejó de andar. No fue un soldado caido. Tenía familia, amigos, gente que lo animaba, compañeros con prótesis que le decían que sí se puede, que lo intentara, que no se rindiera. Y no se rindió jamás. Pasó un año en terapia. Luchando. Adaptándose a una prótesis. Un día un compañero le dijo: “Tovar, lo invito a entrenar con mi equipo de fútbol”. Y Tovar no sabia que decir. Finalmente se terminó, le metió todas las ganas que le quedaron y allá llegó, a la cancha, como para cumplir la cita que falló aquel domingo con su propio equipo. Demostró que sus goles solo estaban en reposo, listos para volver a brotar, para pasar de una pierna a la otra. Y desde entonces se puso a entrenar. El soldado Tovar ya no es el soldado Tovar. Ahora es el goleador Tovar, o el ‘Jork’ Tovar, como le dicen en la Selección.

La pierna que parecen dos

Selección Colombia de anputados

Jorge Tovar, arriba, tercero de derecha a izquierda.

Tovar ha tenido un dia pesado. Es martes. Son las 6 pm Acaba de terminar su turno de 12 horas de trabajo y sin embargo se alista para irse a entrenar. Tovar es operador de medios tecnológicos, cámaras, alarmas, esas cosas, en una empresa de seguridad en Barranquilla. Trabaja dos días de noche, dos de día, y luego descansa, y así es su vida laboral. La otra vida lo espera en casa, con su esposa, y en las canchas de fútbol. No importa que haya tenido 12 horas de trabajo exigente.

Mientras entrega su turno, Tovar cuenta que le gusta mucho su trabajo, que casi nunca hay situaciones de alarma, pero que debe estar atento a reaccionar o pedir apoyo a la Policía. Su vida siempre ha sido eso, tener los ojos bien abiertos. Relata que además es enfermo, le gustó la enfermería desde el día que sus compañeros lo canalizaron mientras él se quejaba de dolor en el monte por su pierna que se marchaba. Supo que ese oficio pudiera aliviar a la gente. Asi que es enfermo. Pero por sobre todo, Tovar es futbolista, delantero, goleador.

Cuenta que antes del episodio de la mina era un gran atleta, saltador de vallas, y siempre un buen jugador de fútbol, ​​con gran potencia en el remate. Su nueva condición no le quitó talento ni fuerza. Sigue siendo un goleador implacable. Gran cobrador de penaltis. A los seis meses de empezar a entrenar con el equipo de su compañero, fue seleccionado por Colombia. El sueño empezaba a hacerse realidad. Y llegué para no irme. Se convirtió en un jugador letal. “Tengo buena pegada”, dice. Hoy viste la camiseta número 11, y hace uso de bastones especiales para jugar, para apoyarse, para balancear su fornido cuerpo y sacar sus disparos, que no son balas, son balonazos que no cercenan, sino que dan vida, alegría: la felicidad del gol

“Entrenaba mucho y me gané un puesto en la Selección. Fui al Mundial de 2014 en México; en 2015 voy a la Copa América, fui goleador junto con un compañero, y estuve en la Copa Confederaciones en Colombia, fuimos terceros; al Mundial 2018 no fui por una lesión, pero ahora me gané el cupo a Turquía”, dice, y su voz suena orgullosa.
El Mundial ya está cerca. Tovar, admirador de falcao garcia, está preparado, mentalizado. Dice, con toda certeza, que no va de paseo, no va a conocer sino a jugar, asegura que no tiene nervios, que está muy fuerte en su cabeza, y que su pierna lo está aún más, palpita, deseosa de empezar a hacer lo suyo, el trabajo que la izquierda le cedió. Tovar ahora puede hacer eso que el destino quiso arrebatarle: goles, goles para Colombia. “Siempre quise ser futbolista. No se pudo con dos piernas, pero mira, lo soy con una sola. Nunca me imaginé viajar por el mundo representando a mi país en esta condición”.

A pocos días del viaje, y mientras recuerda toda su historia, Tovar solo tiene una conclusión, un mensaje, si es que alguien quiere oírlo. “Todo esto me ha dejado que uno tiene que estar agradecido con la vida, con Dios. Las oportunidades que nos brinda. Uno es privilegiado, tuve un accidente y quedé con vida. Me siento bien, no me siento discapacitado, ahora discriminan al discapacitado. En este trabajo me dieron la oportunidad, y ya voy por 3 años…”.

Tiene más sueños. Cuando llegue del Mundial añora que se cree una liga profesional de futbolistas amputados, que haya más apoyo, que él, que fue soldado, es enfermero y trabaja en seguridad, al fin pueda vivir de lo que más lo hace feliz: del fútbol, ​​tener un sueldo, dedicarse de lleno a entrenar.

Hoy, Tovar baila, corre, juega fútbol y hace todo lo que la mina no le pudo arrebatar aquel día. Su pierna tiene derecha el templo de dos piernas, y la fuerza de 10 dedos. Es una pierna vital. Una pierna que no tiembla, que no flaquea. Fuerte, como forjada en taller de herrero. Una pierna que se acostumbró a andar sola. A sostener esos 86 kilos que llegaron a ser 98. Una pierna que parece más pierna, quizás mejor de lo que era. Una pierna que, valga la paradoja, es más explosiva.

–¿Y cuántos goles piensa hacer en el Mundial?
–Pues… de que marco, marco; Espero hacer muchos, pero quiero traer el trofeo para Colombia –dice Tovar, y esa es una promesa que no quiere fallar.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
Gorjeo: @PabloRomeroET

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