Angelina Jolie: En el Día Mundial del Refugiado, comprometámonos a encontrar una mejor manera

miCada día mueren más de dos niños y cuatro resultan heridos en el conflicto de Ucrania. Después de más de 100 días de guerra, casi dos tercios de los niños ucranianos han sido desplazados.

El conflicto expone la vulnerabilidad de los niños y la aumenta en gran medida. Además del daño físico, está el trauma: el efecto del desplazamiento, de las noches pasadas escuchando los bombardeos, de estar separado de la familia, de ver asesinados a amigos y parientes. El trauma detiene el sueño. No solo porque vienen las pesadillas, sino el ensueño que tira de la vida hacia adelante. El pensamiento sobre lo que podríamos crear. Que podría mejorar. A quién podríamos amar. El trauma destruye lo que el niño nació para ser.

Somos más conscientes que nunca de la realidad y el impacto de la guerra. Pero a pesar de nuestra conciencia, el riesgo para los niños es cada vez mayor. Ahora hay más conflictos que en cualquier otro momento desde la Segunda Guerra Mundial. Uno de cada seis niños en todo el mundo—426 millones—vive en una zona de conflicto.

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El conflicto en Ucrania ha cobrado el número de desplazados en todo el mundo pasado 100 millones– más alto que nunca antes registrado. Más de una de cada 100 personas en todo el mundo es desplazada, como refugiado, solicitante de asilo o dentro de su propio país, más allá de la población del Reino Unido, Francia o Alemania. De estos 100 millones, quizás 40 millones son niños obligados a abandonar sus hogares y sus comunidades. Para ellos, el futuro parece sombrío.

Tenemos que reconocer que nuestros sistemas para prevenir conflictos y desplazamientos humanos masivos y defender los derechos humanos no están funcionando. Las tres cuartas partes de los refugiados viven en situaciones prolongadas, donde el regreso a su país de origen es imposible porque persisten los problemas de los que huyeron. El alivio de la ayuda ahora es tan escaso que el Programa Mundial de Alimentos de la ONU ha dicho que en Yemen, “no tenemos más remedio que tomar comida de los hambrientos para alimentar a los hambrientos y… en unas pocas semanas corremos el riesgo de no ser capaces de alimentar a los morirse de hambre.” En Afganistán, las ONG temen que el hambre pueda matar a más personas que en los últimos 20 años de guerra. El Consejo Nacional de Inteligencia de EE.UU. ha advertido que los derechos de los refugiados se encuentran entre “las normas con mayor riesgo de debilitarse a nivel mundial en la próxima década”, lo que significa que, a menos que actuemos, habrá aún menos acuerdo sobre cómo proteger a los refugiados.

No podemos esperar a que pasen las crisis actuales, oa que surja un liderazgo a nivel internacional, antes de preguntarnos qué debe cambiar. Se supone que el alivio de la ayuda es una solución temporal, proporcionada sin discriminación. Se supone que los refugiados y las personas desplazadas pueden regresar a casa de manera segura después de los conflictos como resultado de la diplomacia y los acuerdos de paz. Se supone que las normas de derechos humanos deben aplicarse de forma coherente. En cambio, vemos ejemplos de refugiados aparentemente discriminados por su color de piel, religión o país de origen. Los países más pobres del mundo acogen a millones de refugiados durante décadas sin un final a la vista, mientras que los más ricos idean formas cada vez más elaboradas de cerrar sus fronteras y “deslocalización” solicitantes de asilo.

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Necesitamos reconocer lo que se necesitaría para reducir el número de refugiados a nivel mundial. Necesitamos comprender el profundo nivel de sufrimiento humano de las personas en estas situaciones. Y necesitamos reconocer que todavía estamos viviendo en viejas formas, con viejos comportamientos. No hemos ajustado nuestras instituciones para enfrentar el nuevo mundo que aún se está formando.

Debido a la forma en que se creó la ONU, se inclina hacia los intereses y la voz de las naciones poderosas a expensas de las personas que más sufren los conflictos y la persecución, cuyos derechos y vidas no reciben el mismo trato. Durante décadas, el foco principal ha sido el trabajo de las organizaciones internacionales. No se ha prestado suficiente atención a escuchar a los grupos y voluntarios locales y fortalecer sus esfuerzos.

No pretendo tener las respuestas, pero estoy con todos aquellos que buscan un nuevo camino. Gran parte de la fuerza que veo en este momento proviene de las personas individuales en los países afectados por conflictos, como Ucrania, y de las organizaciones locales, los voluntarios y los propios refugiados, que no esperan recibir ayuda, sino que se apoyan mutuamente. Ahí es donde pongo mi fe y esperanza, hasta que tengamos el coraje de reconstruir nuestras instituciones internacionales y cumplir la promesa de igualdad de derechos y protección para todos.

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