Luis Fernando Suárez: la historia del DT, único colombiano en el Mundial – Fútbol Internacional – Deportes

Luis Fernando Suárez recorrió ayer medio mundo de regreso a la tierra que lo acogió, Costa Rica, donde ahora celebra su tercera clasificación a una Copa del Mundo de fútbol. Es un hombre que inspira tranquilidad, y con esa calma logra convencer a sus dirigidos de su idea.

No fue fácil. Cuando iba a comenzar la parte final de la eliminatoria de Concacaf, Suárez venía de quedar eliminado de la Copa Oro contra Panamá. Y ese golpe lo sintieron, porque, en las primeras siete fechas, apenas podrán conseguir seis puntos.

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Suárez convenció al grupo de que se podía enderezar el camino. Y hay un párrafo que explica cómo vive el fútbol. Lo escribió él mismo, en el prólogo del libro Los mejores tecnicos del futbol colombiano, publicado por el autor de estas líneas en 2019.

“Un hombre que seduce es el que enamora por lo que hace, por sus ideas, por su comportamiento y aún más por sus convicciones, más que la enseñanza de una buena estrategia de juego, el futbolista necesita estar convencido de que esa estrategia es la mejor, que es la estrategia ganadora y que vale la pena dedicar todo el esfuerzo a ejecutarla para conseguir los resultados propuestos. Esa convicción hará que se enamore de su oficio, de las tareas que desempeña, de sus compañeros y de su entorno. De allí nace la pasión para lograr los objetivos más ambiciosos”, escribió Suárez entonces.

Suárez llegó al fútbol profesional de rebote

En los aviones de Suárez no estaba llegando al fútbol profesional. “Yo era buen estudiante, de los alumnos aplicados siempre en clase. Estudiaba en el Liceo Antioqueño y ahí hicieron un torneo interclases. El entrenador de la Universidad de Antioquia vio algunos jugadores de ahí y nos llevaron”, recordó.

A Suárez le quedó sonando cuál fue la causa por la cual lo escogieron a él para ese equipo. “Yo ya jugaba de defensa central. Cuando cogí confianza con el entrenador, le pregunté por qué me había escogido y me dijo que no sabía, que tal vez por lo grande, pero que no se iba a ir sin llevar un jugador de ahí”, recordó.

luis fernando suarez

Luis Fernando Suárez (centro), junto a Javier Álvarez, en un entrenamiento de la Selección, en 1999.

Foto:

Jaime Arias. Archivo EL TIEMPO

Suárez mostró buenas condiciones como defensor central, pese a no ser tan alto para los estándares de la posición: mide 1,76 metros. Y por eso, en 1976, ya hacía parte de las selecciones de Antioquia, en las que lo dirigieron Justo Lopera y Humberto ‘Tucho’ Ortiz. y luegoen 1979, el yugoslavo Blagoje Vidinic lo llevó al Suramericano Juvenil en Uruguay, con un equipo que empezó ilusionando, al ganarle 2-0 a Brasil, pero que acabó eliminado en primera ronda.

Por esa época, Atlético Nacional le pagó 40.000 pesos a la Universidad de Antioquia por sus derechos deportivos. Y de carambola terminó en el equipo profesional, cuando coincidieron varias circunstancias para que no debutara en solitario, en junio de 1981, sino para que tuvieran mucha continuidad en el primer equipo.

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“Venía la eliminatoria para España 82. Carlos Bilardo lideró como a cuatro o cinco jugadores de Nacional a la Selección: Hernán Darío Herrera, Pedro Sarmiento, Jorge Porras. Y además, Perú se llevó a César Cueto y Guillermo La Rosa. Entonces (Osvaldo Juan) Zubeldía me puso a jugar, muchos jóvenes tuvimos la oportunidad de jugar un rato”, recordó.

Aunque a casi todos los juveniles los devolvieron a las divisiones inferiores una vez regresaron los titulares, Suárez tuvo algunos minutos más en la campaña que llevó a Nacional a ganar el campeonato de 1981. Y luego se ganó la posición, alternando como central o como mediocampista , aunque también tuvo un paso por el Deportivo Pereira en 1986.

Aprendio a ser tecnico desde muy joven

Todavía era jugador, pero Suárez era inquieto. Luego de un partido entre América y Nacional en el Pascual Guerrero, Suárez fue al camerino local a buscar al técnico del América, el médico Gabriel Ochoa Uribe.
Gerardo González Aquino, que ya se había retirado y se había integrado al cuerpo técnico de Ochoa, le dijo que el médico no lo podía atender. Suárez, con algo de pena, volvió a su vestuario. La sorpresa llegó horas después: Ochoa fue a buscarlo al hotel donde estaba alojado Nacional. Y terminaron charlando horas de fútbol, ​​acompañados de Francisco Maturana y Diego Barragán, que dirigían a Nacional.

A Maturana le llamó la atención el interés de Suárez y, aún como jugador y con 28 años, lo envió de nuevo a una Selección Colombia, pero ahora, como asistente técnico.

“Eso fue en 1988. Nombraron a Juan José Peláez para dirigir la Selección sub-20 que iba a un Suramericano en Argentina. Nadie quería ser el asistente de ese equipo. Pacho, que era como el jefe de todos, me ofreció ir como asistente. Yo, la verdad, quería ser preparador físico, me iba a meter a estudiar educación física. Le dije que yo no sabía lo que tenía que hacer, y me convenció, me dijo que tenía que hacer más o menos los mismos trabajos tácticos que hacía con él en Nacional, que me encargara de la defensa. Diego me hizo un plan especial de trabajo para no perder la forma como jugador”, dijo.

Esa primera experiencia como integrante de un cuerpo técnico resultó bastante buena. Esa selección, que tenía jugadores como Óscar Córdoba, Jorge Bermúdez, Diego Osorio, Geovannis Cassiani e Iván René Valenciano, clasificó al Mundial de Arabia Saudí.

Incluso llegó con la opción de ser campeona a la última fecha, pero un polémico arbitraje del costarricense Berny Ulloa perjudicó al equipo, que perdió 2-1 contra el equipo local, Argentina, y debió resignarse con el segundo puesto. En el Mundial, ya en 1989, llegaron a segunda ronda y los eliminaron Portugal, que fue campeón ese año de la mano de Carlos Queiroz, que, tres décadas después, dirigió a la Selección Colombia.

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Al volver de Arabia, Suárez se reintegró a Nacional e hizo parte del equipo campeón de la Copa Libertadores de 1989. No era titular, pero Maturana sabía cuándo ponerlo.

“Pacho es muy inteligente, me metió en los partidos más bravos: entré en el segundo tiempo contra Racing, en un cambio rarísimo que hizo: íbamos perdiendo 2-0 y con eso nos igualaban la serie. Sacó a Alexis García y me metió a mí. Al final clasificamos con un gol de Felipe Pérez. También jugué contra Millonarios y mi último partido fue contra Danubio, en Montevideo. En la final estuve en el banco”, recordó.

Dos semanas después de ganar la Libertadores, y sin saberlo, Suárez jugó su último partido profesional, contra el Junior de Barranquilla. Apenas tenía 29 años. Maturana tenía otros planes para él, aunque Suárez se ríe de la decisión: “Pacho me decía que yo era tan buena gente que no sabía cómo echarme, así que me puso de asistente”.

Pacho dirigía, al mismo tiempo, a Nacional ya la Selección Colombia, y tenía que preparar tanto la Copa América de Brasil como la eliminatoria para Italia 1990. El primer torneo iba a ser el banco de pruebas para el reto más grande, volver al Mundial después de 28 años. Así que mientras Maturana estaba con la Selección, el técnico de Nacional fue Suárez, con el exarquero Roberto Vasco como ayudante de campo.

Y ya con los desafíos cumplidos, Maturana se reintegró a Nacional y jugó la Copa Intercontinental contra el Milan, en la que Suárez pudo haber tenido una última oportunidad de jugar: lo llevaron como futbolista, porque no pudo llevar tres asistentes técnicos y casi termina de titular: Andrés Escobar tenía un esguince de tobillo. Al final, estuvo como suplente en Tokio.

El primer torneo grande, con Ecuador

Suárez comenzó a ganar espacio para convertirse en entrenador. Fue el asistente de Hernán Darío Gómez en Nacional cuando Maturana fue contratado por el Real Valladolid. Luego tuvo su primera experiencia como entrenador: dirigió al Pereira en 1994. Y cuando Maturana tomó las riendas de Ecuador, se lo llevó como asistente.

La Copa América de Bolivia 1997, atravesada en medio de la eliminatoria, asignada para que la mayoría de selecciones enviara nóminas alternas. Ecuador fue más allá y no solo envió un equipo emergente, sino que Maturana puso a Suárez al frente del equipo. Le fue muy bien: logró la segunda ronda.

Luego volvió a una Selección, la que ganó el torneo Esperanzas de Toulon en 1999, y ese mismo año tomó sobre la marcha a Nacional, en reemplazo del argentino Reinaldo Merlo. Lo sacó campeón, en una final contra América, dirigido por otro técnico que apenas comenzaba su carrera: Jaime de la Pava.

Ese título de 1999 lo puso en carpeta para dirigir a la Selección de mayores: en enero de 2000, Javier Álvarez se fue a dirigir el Preolímpico y una goleada 9-0 contra Brasil, cuando podía perder hasta por siete para clasificar, lo dejó sin puesto. Al final, la Federación se decidió por Luis Augusto ‘Chiqui’ García.

Pasó por Cali, Tolima y Aucas hasta que en 2004, cuando Bolillo dejó la selección de Ecuador, lo llamaron para reemplazarlo. Ahí modificó su primera clasificación a la Copa del Mundo y, por primera vez, se metió al equipo a octavos de final.

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“Ir al Mundial es lo mejor que me ha pasado. Nunca pensé en llegar hasta allá. En todo lo que he hecho siempre quise ser aplicado y por eso pude conseguir cosas. Era algo increíble, no sé si me lo merecía, hay gente con más capacidad que yo”, reveló Suárez.

Luego, tras dirigir a Pereira, Nacional y Juan Aurich, de Perú, lo llamaron de Honduras, para seguir la línea colombiana que había iniciado Reinaldo Rueda y que los había llevado a Sudáfrica 2010. Así surgió su clasificación a un Mundial, el segundo de Brasil 2014.

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Luis Fernando Suárez, dirigiendo a Honduras en Brasil 2014.

Foto:

Efe – Archivo EL TIEMPO

Suárez asegura que el medio de Concacaf es difícil, pensando en la eliminatoria y comparándola con la suramericana.

“Ha progresado mucho: todavía hay esa distancia entre unos países y otros, pero Canadá, que era muy poco hace ocho, diez años, ha hecho un gran trabajo en divisiones menores. Estados Unidos, igual: la MLS no es un campeonato a donde van jugadores terminando su campaña, sino gente que tiene mucho por dar. La infraestructura de los estadios y los equipos son mucho mejores. Además, las islas son competitivas, no solamente es fortaleza física. Para México, la clasificación antes era muy fácil, ahora no”, le dijo a EL TIEMPO en marzo de este año.

Ahora, con muchas horas más de vuelo, contando las 15 de Doha a Miami y las 3 de Miami a San José, Suárez espera disfrutar mucho más el Mundial. El primero, al menos, lo tomó con calma excesiva.

“Llegar a ese Mundial, sentirlo y no disfrutarlo, es contradictorio. Cada vez que Ecuador hizo un gol lo vio como una situación de trabajo. Hoy pienso que al menos debí haberme reído, haberme abrazado con alguien. Pero por dentro lo disfruté”, dijo. Ahora puede exteriorizarlo más. Hasta en eso sigue aprendiendo.

José Orlando Ascencio
Subeditor de Deportes
@josasc