El bisabuelo de Lexi Rubio, víctima de Uvalde, reflexiona sobre la tragedia

julian Moreno estaba en su patio delantero regando sus plantas cuando escuchó explosiones rápidas y fuertes en la mañana del 24 de mayo. Al principio, pensó que era el ruido de una construcción cercana. Pero la gente empezó a gritar y a correr hacia Escuela Primaria Robb, a una cuadra de su casa. Inmediatamente dejó caer la manguera y se dirigió hacia los disparos tan rápido como su cuerpo de 82 años se lo permitió.

“Sabía que Lexi estaba allí”, le dice a TIME, con la voz entrecortada y el rostro tembloroso. “Fue como un puñetazo en el estómago”.

Esa noche, Moreno tuvo la confirmación de que su bisnieta de 10 años, Alexandria “Lexi” Aniyah Rubio, había muerto en el tiroteo masivo que cobró la vida de 18 otros niños y dos maestros en Uvalde, Texas. La niña que solía recoger de la escuela todos los días, a quien veía jugar béisbol y que soñaba con ser abogada, se había ido.

“Hay un vacío”, dice Moreno, llevándose una mano al pecho. “Angustia. Tratando de procesar por qué o cómo sucedió”.

Lexi Rubio

Lexi tenía ambiciones. El estudiante de cuarto grado soñaba con asistir algún día a la Universidad St. Mary’s en San Antonio, dice Moreno. Si pudiera visitar un lugar en el mundo, sería Australia para “ver un canguro y un montón de cosas divertidas”, escribió Lexi en su diario, que su madre, Kimberly Rubio, compartió en Facebook. “Y puedo probar nuevos alimentos que no están en Uvalde”. Su comida favorita hasta ahora era la pasta Alfredo. Le encantaba leer y odiaba faltar a la escuela. Era un poco marimacho y amaba el béisbol y la pesca. Ella era una tejana orgullosa de cuarta generación y estaba cerca de su familia mexicana-estadounidense muy unida.

Moreno solía recoger a Lexi de la Escuela Primaria Robb todos los días, y él y su esposa la cuidaban a ella y a sus cinco hermanos hasta que sus padres, un periodista y un ayudante del alguacil, terminaron con el trabajo. Moreno recuerda con cariño aquellos días. “Ese era mi trabajo de tiempo completo, no remunerado”, dice con una sonrisa. “Uno que disfruté por completo”.


Lexi Rubio y su madre Kimberly.

Cortesía de Julián Moreno

Lexi sonaba más joven que sus 10 años, dice su bisabuelo, y podría ser algo tímida y callada hasta que llegó a conocerte. Pero ella insistió en ponerse cerca del centro de la acción y sobresalía en la escuela.

Ambos padres de Lexi estuvieron en la Escuela Primaria Robb el martes para verla recibir un premio del cuadro de honor. Celebraron juntos sus logros y luego sus padres se fueron de la escuela y Lexi regresó a su salón de clases. Era la última vez que estarían juntos.

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“Mi dulce Lexi. Amor de mi vida. Guardián de mi alma. Te llevaba dentro de mí. Yo soy tú. Tú eres yo. Quiero estar contigo”, escribió Kimberly en una publicación de Facebook el jueves. “Ahora. Después no.”

‘Tengo que ser fuerte por ellos’

Moreno fue pastor en la Primera Iglesia Bautista (First Baptist Church) en Uvalde durante 50 años, antes de jubilarse en 2021. Ahora, cuando él y su esposa no están ayudando a su afligida nieta Kimberly, dedica su tiempo a preparar el sermón. Entregaré en el funeral de Lexi.

Se esfuerza por no llorar frente a las personas, especialmente a su familia. No por el machismo a la antigua, dice, sino para tratar de ser una presencia estable y útil. Su esposa, la bisabuela de Lexi, es igual. “Tenemos momentos en los que colapsamos, por supuesto”, dice. “Pero cuando estoy lidiando con personas y su dolor, tengo que ser fuerte por ellos, porque si me derrumbo con ellos, no logro mucho”.

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El sábado por la tarde, Moreno se sienta en la primera banca de su iglesia, un edificio modesto a solo tres minutos en automóvil de la escuela primaria Robb, mientras la gente trabaja en segundo plano para preparar almuerzos gratuitos para la comunidad. Aquí, busca lecciones de su fe. “Cada fibra de mis emociones humanas, en mi mente, clama odio. Para estar enojado”, dice, mirando el podio frente a él. “Pero luego recuerdo que he predicado varias veces las palabras de Jesús. Dijo que debemos aprender a amar a nuestros enemigos… Esta experiencia me ha enseñado a vivir esas palabras”.

Sus décadas como pastor también lo han posicionado para escuchar y apoyar a su nieta y su esposo, quienes dice que están sufriendo inmensamente. Él cree que ellos también aprenderán de esta agonía, para que algún día puedan guiar a otros a través de los momentos más oscuros de la vida.

“Les digo que uno de estos días en el futuro, puede que un amigo o una pareja venga a usted después de haber perdido a un ser querido”, dice Moreno. “Y vas a poder compartir, no algo que leíste en un libro, no algo que obtuviste de un curso de consejería. Vas a compartir tu dolor y cómo sobreviviste”.

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